
Al inicio de los preparativo de la boda todo parece un sueño, hasta que empiezas a hacer las invitaciones, elegir la finca, colocar las mesas y, por supuesto, el vestido de novia. Durante el proceso todo se acumula y, de repente, lo que debía ser una etapa emocionante se convierte en una fuente constante de estrés. Sientes que no llegas a todo, empiezas a dudar de tus decisiones y que cada decisión es crucial y que cualquier error arruinará “el día más importante de tu vida”.
La familia y los amigos empiezan a preguntar «¿Como va la boda?» y tu y tu pareja os miráis, invertís vuestro tiempo en llamadas, mensajes y búsquedas que no acaban para encontrar lo perfecto .La sobreinformación en redes sociales solo aumenta la confusión y hace que comparar sea inevitable. Lo que debería ilusionarte termina generándote ansiedad.
Llega la hora de pensar en la joya del día, El Vestido
Multitud de cortes, de escotes, de telas y de patrones, ¿Sirena o Princesa? ¿Espalda al descubierto? ¿Escote en barco, en V o en Bardot?, ¿Con encaje o con Pedrería?.
Las preguntas y las dudas son algo natural del proceso pero el estrés y el miedo que te lleva a ti y a tu pareja no tendría que vivirse así.
La clave esta en la planificación estratégica y en priorizar una sola cosa: vuestra felicidad.
1.- Define un presupuesto claro y las principales prioridades que son innegociables.
2.-Crea un calendario realista (No quieras llegar a todo) con tareas mensuales y sé capaz de delegar en quien sabe.
3.- Rodéate de gente que sepa haya pasado ya por el proceso y lo más importante que te transmita calma.
4.- Con el vestido de novia, inspírate en revistas y en Pinterest, crea una idea de como quieres sentirte con el vestido. No pienses en modas, solo en tu esencia para que refleje la seguridad y la emoción que te llevará al altar.
Y por último y más importante, ¡Disfruta del proceso! y no te olvides que después de ese día todo el proceso hasta el fin será un recuerdo.
Sin respuestas